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Los presos podrán fumar en las cárceles, pero no los funcionarios de prisiones

La ley que prohíbe fumar en los lugares públicos y centros de trabajo tendrá una aplicación especial en las prisiones, donde habrá celdas para fumadores, excepto para internas con hijos. Los funcionarios sólo podrán apurar un pitillo en los espacios destinados a sus vigilados.

Fuente: Las Provincias Digital

La ley que prohíbe fumar en los lugares públicos y centros de trabajo tendrá una aplicación especial en las prisiones, donde habrá celdas para fumadores, excepto para internas con hijos. Los funcionarios sólo podrán apurar un pitillo en los espacios destinados a sus vigilados.

La normativa tiene una disposición adicional específica para cárceles y otros centros penitenciarios que permite vender tabaco en sus economatos y habilitar zonas para fumadores, en un tratamiento parecido al de los hoteles.

Puesto que la cárcel es lugar de trabajo para funcionarios pero de residencia para los presos, la instrucción de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias sobre el cumplimiento de la nueva ley antitabaco ha debido conciliar ambos aspectos.

Esa instrucción, hecha pública ayer, prohíbe a los funcionarios fumar en sus espacios de trabajo “que no sean locales específicamente destinados a los internos”, concretando que se trata de despachos, salas de reuniones, espera o descanso, pasillos, baños, vestíbulos o cualquier lugar “destinado específicamente” para los trabajadores.

La Dirección de Prisiones “procurará garantizar que los internos no fumadores dispongan de celdas libres de humo”, por lo que aquellos que no quieran compartir la suya con un fumador podrán manifestarlo para que se les busque otro acomodo.

Los internos que entren en la cárcel en el futuro serán clasificados como fumadores, no fumadores o no fumadores tolerantes con el humo ajeno, elemento que se tendrá en cuenta a la hora de asignarles celda. Si cambian de idea, podrán comunicarlo oficialmente para que se les reubique.

Fuentes sindicales consultadas pusieron en duda que haya celdas suficientes en las saturadas cárceles españolas para este tratamiento diferenciado entre fumadores y no fumadores y temieron que esto pueda generar conflictividad.

Si bien consideraron correcta la instrucción, opinaron que a los funcionarios se les habría debido habilitar zonas propias para fumar atendiendo al hecho de que trabajan en un lugar cerrado.

De acuerdo con la instrucción, los presos también tendrán permitido echar un cigarro en las habitaciones para sus encuentros íntimos o familiares, que igualmente estarán distribuidas entre fumadores y no fumadores.

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