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La cárcel registra mínimos históricos de ocupación pese a seguir masificada.

Aunque hubo momentos en que la cárcel de Melilla tuvo que atender a 500 internos y necesitó la ayuda de dos aviones militares para evacuar a parte de la población reclusa y derivarla a otros centros de la península, la prisión del Monte María Cristina registra en este mes de enero mínimos históricos de ocupación. Ocurrió el pasado viernes cuando, según el representante de Acaip, Florencio Merino, los funcionarios contabilizaron 250 internos, 11 de ellos mujeres.

Fuente: Terra

Sin embargo, las poco más de 145 celdas de la cárcel local siguen siendo insuficientes para que se cumpla una ley que obliga a los centros a alojar a los internos individualmente. Esta 'masificación' tiene consecuencias muy negativas también para los funcionarios, que cuentan con mayores dificultades para atender a los presos y resolver cualquier problema que estos planteen.

Tampoco se han subsanado las deficiencias en materia de seguridad exterior, una función que compete al Cuerpo Nacional de Policía. En opinión de Acaip, ocho deberían ser los agentes que se ocuparan de un servicio que, en ocasiones, ha dispuesto de tan sólo cuatro o cinco efectivos para atender las cinco garitas del centro, el monitor y el puesto de guardia.

Y si el dispositivo que pone la policía a disposición de la cárcel es insuficiente, también lo es el cuerpo de funcionarios que trabaja en el centro. Según los datos que baraja el sindicato, y en función de los parámetros ideales de seguridad y atención, hasta 30 personas deberían incorporarse a la plantilla para que los ocho grupos en los que se divide el servicio desarrollaran su labor de forma desahogada y sin soportar las actuales cargas de trabajo.

Lo que si parece tener visos de solucionarse es el problema derivado de la cercanía de la prisión con los edificios cercanos. Aunque aún siguen arrojándose al patio, desde el exterior, bolas de hachís, cocaína y pastillas, la Dirección del Centro está a punto de solventarlo adoptando una serie de medidas que, por motivos de seguridad, no ha trascendido a la opinión pública. En cualquier caso, y al margen de que la propia ubicación de la cárcel dificulta el control de esos lanzamientos, Acaip confía en que, a lo largo de 2007, se ponga fin a este problema.

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