Página 5 - REVISTA ACAIP OCT/NOV 2012

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EVISTA AGRUPACION CUERPOS DE LA ADMINISTRACIÓN DE II.PP
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OCTUBRE/NOV 
2012
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especial de la Subdirección General de Tratamiento y
Gestión Penitenciaria. (¡Qué feliz casualidad! El único
cargo del anterior gobierno que, tras ser cesado, ha
recalado en Valdemoro. ¡Qué estrecha sintonía!
Enternecedor, ¿no creéis?).
La Orden regula igualmente de forma prolija el
papeleo que conlleva la gestión del racionado especial de
Ramadán, aunque aparentemente no resuelve el punto
débil de todos los años: las altas y bajas por cambio de
módulo. En fin, por papeleos y burocracia que no quede.
Y voy al meollo del asunto. Cualquier persona
con un mediano nivel cultural sabe
que el ayuno en el
Islam consiste básicamente en la abstención de
comer, beber y tener relaciones íntimas desde
antes del amanecer
hasta la puesta del sol
pero, inexplicablemente, nuestro muy leído nivel 26
dispone que los internos con Ramadán
pasarán a
cenar tras el resto de internos y que solo se les
permitirá llevar “a sus celdas la Bolsa de
Ramadán (pero no bandejas) que podrán
consumir durante el horario nocturno”. Así que,
salvo que interpretemos el “pero no bandejas”
según el original universo semántico del sr.
director ya la tenemos liada, porque
la entrada
a celdas es a las 20:45 y el día 20 de julio, fecha
de comienzo del ayuno, el sol se pondrá
exactamente a las 21:37 horas.
Este fastidioso fenómeno no es nuevo en
absoluto: las fechas de celebración del mes de Ramadán
se determinan según un calendario lunar, razón por la que
unas veces cae en invierno y otras en verano y, desde
que el mundo es mundo, el Sol tiene la fea costumbre de
ponerse tarde, muy tarde, en verano, aún en contra de los
designios de los niveles 26 de turno. Así que si los
musulmanes no pueden empezar a comer hasta las diez
menos veinte, tienen que subir a celdas a las nueve
menos cuarto y no pueden subir la bandeja (con el
racionado de la cena completo más el segundo plato de la
comida), o hace un milagro El Profeta o el Sol entra el
razón y obedece a nuestro ilustre director o los
musulmanes se quedan sin comer. Como las
probabilidades de que ocurra cualquiera de las tres cosas
son ciertamente escasas, la experiencia me dice que los
acontecimientos se desarrollarán más o menos así:
Musulmanes desfallecidos pasean expectantes por
el patio deseando que llegue la hora de cenar.
Funcionario llama a musulmanes por megafonía
para que pasen al comedor.
Musulmanes cogen su racionado, bolsa y bandeja, y
salivando intentan subir a su celda.
Funcionario se interpone temerariamente en su
camino. Intenta convencer a veinte musulmanes y
sus respectivos jugos gástricos de que deben
comerse la bandeja en el comedor y deben hacerlo
ya, se ponga el Sol como se ponga, porque lo dice el
director (¡qué huevos tenemos a veces!).
Veinte musulmanes enfurruñados exigen la
presencia del Jefe de Servicios.
Funcionario intenta localizar al Jefe de Servicio. El
teléfono comunica. El compañero del módulo de al
lado, donde ha pasado lo mismo, ha llamado 20
segundos antes.
Jefe de Servicios, ciscándose en xxx, verifica el
contenido de la Orden nº 30. Funcionario sugiere a
musulman que se suban el contenido de la bandeja
en la mano.
Jefe de Servicios llama a Mando de Incidencias
(Subdirector Médico o Subdirectora de Tratamiento
recién llegada al centro, estas cosas siempre se las
come el que menos culpa tiene). Veinte musulmanes
con los jugos gástricos alterados preguntan a
funcionario cómo pueden subirse en la mano la
sopa.
Jefe de Servicios sugiere a Mando de Incidencias
que se permita a moritos subir las bandejas. Mando
de Incidencias ordena que se suban las bandejas
pero sólo hoy, y mañana que decida el director. ¡Oh,
cielos! Mañana es sábado y el director no está.
Estas cosas siempre pasan en fin de semana. Jefe
de Servicios con dolor de cabeza. Mando de
Incidencias con dolor de cabeza. Funcionarios con
dolor de cabeza. A los musulmanes, en cambio, lo