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Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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explorado para ayudar a aquellos presos de ETA que
querían acogerse, como establece la ley, de manera indi-
vidual a esos beneficios, pidiendo perdón, manifestando
arrepentimiento, asumiendo en su caso incluso las res-
ponsabilidades civiles que iban anexas a la condena
correspondiente, etcétera, todos los que se quieren
acoger a esa vía y acompañarles en ese tránsito, ha que-
dado interrumpido en gran medida desde el momento en
que se han generado unas falsas expectativas derivadas
de ese dejar de actuar, en la medida en que ese dejar de
actuar no ha ido acompañado del dejar de ser, dejar de
existir de ETA. Pero estoy seguro de que juntos hemos
llegado hasta aquí y juntos seguiremos hasta el final.
Ahora vemos la luz al final del túnel. Atravesaremos el
túnel y veremos la luz en su plenitud.
Me hablaba el señor Hernando del reglamento sobre
la Ley de Víctimas del Terrorismo, que fue aprobado
con 349 votos a favor sobre 350 —no recuerdo si fue un
error o una ausencia forzada, pero en todo caso es un
consenso del cien por cien—.Yo le garantizo en relación
con este tema y con cuantas cuestiones del mismo tipo
se plantean —por ejemplo, el reglamento en relación con
los CIE—, el mayor nivel de consenso. Les manifiesto
como ministro del Interior mi voluntad de trabajar juntos,
en el bien entendido de que al final al Gobierno le toca
gobernar, pero por supuesto todo lo que podamos acordar
—y estoy seguro de que podemos acordar muchas
cosas— estoy dispuesto a hacerlo, y seguro que acorda-
remos muchas cosas. En relación con el reglamento
sobre víctimas del terrorismo, tendría poco sentido que,
habiendo llegado a un consenso del cien por cien en la
aprobación del la ley, no lo tuviéramos en relación con
el reglamento; si no, estaríamos en aquello que decía el
conde de Romanones de haga usted la ley y déjeme hacer
a mí el reglamento. No es esa la actitud de quien les
habla en estos momentos y, en consecuencia, tanto para
ese reglamento, señor Hernando y señores portavoces,
como para lo que hace referencia, por ejemplo, al regla-
mento de los CIE —que ha salido mucho aquí—, les
ofrezco desde ahora la voluntad de consenso y de tra-
bajar juntos.
Me preguntaba el señor Hernando —le contesto, y por
extensión permítanme que los que también han tocado
de manera similar o colateral estas cuestiones se den por
contestados, no por falta de cortesía parlamentaria, sino
todo lo contrario, dada la hora que es y por economía
procesal— en qué medida, por ejemplo, la eliminación
del mando único en relación con la Dirección General
de la Policía y la Guardia Civil puede dificultar la coor-
dinación. Aquí me permito copiar aquella máxima de
Napoleón cuando decía: vayamos por separado, con la
debida coordinación, a conseguir juntos la victoria. Se
trata de garantizar la coordinación política en la figura
del secretario de Estado de Seguridad y la coordinación
operativa mediante los mecanismos de coordinación
técnica establecidos. Me ha preguntado por algunos de
ellos el señor Hernando; si se mantenían o no el Centro
Nacional de Coordinación Antiterrorista, el Centro de
Inteligencia Contra el Crimen Organizado o el CEMU.
El Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista y el
CICO, con alguna pequeña modificación como que el
Centro Nacional de CoordinaciónAntiterrorista en lugar
de depender del ministro pasa a depender del secretario
de Estado de Seguridad, se mantienen, así como el resto
de órganos de coordinación. Van a pasar a depender
directamente de quien tiene establecida la función de
coordinación de la Dirección General de la Policía y de
la Dirección General de la Guardia Civil, que es el secre-
tario de Estado de Seguridad. La pierde de forma inme-
diata quien les habla, pero no la pierde, sino que pasa a
depender —y creo que eso es más funcional, operativo
y lógico— del secretario de Estado de Seguridad. Otra
cosa es el Comité Ejecutivo para el Mando Unificado,
por el que me preguntaba. Al haber desaparecido la
dirección única, entendemos que el Comité Ejecutivo
para el Mando Unificado deja de tener sentido y se
integra en el gabinete de coordinación ejecutiva, que
depende del secretario de Estado de Seguridad. Es decir,
los mecanismos de coordinación técnica operativa entre
dos cuerpos que tienen naturaleza distinta, funciones
distintas, misiones distintas, pero que comparten un
único objetivo, que es garantizar la seguridad de los
españoles, como son el Cuerpo Nacional de Policía y la
Guardia Civil, esos mecanismos, como no podía ser de
otra manera, se mantienen.
En relación con los CIE y sin perjuicio de lo que he
dicho, quiero añadir lo siguiente. Pedía el señor Her-
nando que se parezcan más a los CETI y menos a una
cárcel. En ese ámbito nos vamos a mover. Don Aitor
Esteban del PNV lo pidió de manera especial, pero,
insisto, al haber hablado cronológicamente primero el
señor Hernando le contesto a él, pero contesto también
al señor Esteban, al señor Janè y a cuantos se han inte-
resado por esta cuestión. En relación con el reglamento,
lo estamos estudiando, pero ya les digo que mi posición
política es que lo trabajemos conjuntamente. Por tanto,
la propuesta de reglamento sobre los CIE se la pasaremos
a ustedes para que de común acuerdo intentemos llegar
a una fórmula consensuada o en todo caso al máximo
nivel de consenso posible. Ese es mi compromiso polí-
tico. Estudiamos fórmulas racionales de gestión, preten-
demos simplificar, por ejemplo, la contratación y asig-
nación de funciones al personal más especializado. Ya
he dicho antes que no tiene sentido que la policía se
encargue de todas las tareas en el interior, más allá de
las que le son propias, que son las de seguridad. Hay que
tener en cuenta que dentro de los CIE existen personas
que han cometido delitos y personas que no han come-
tido delitos, sino una infracción administrativa. Por eso
decía yo que no todos los que ingresan en nuestro país
de manera ilegal se convierten en criminales o delin-
cuentes. Créanme si les digo que la mixtificación de estas
personas también está en el origen —no digo que sea la
única causa ni la más importante— de algunas de las
circunstancias que se producen, incluso en algunas oca-