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Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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toma de posesión de la nueva cúpula policial en Canillas
—estaba ya en estado terminal pero quise visitarle acom-
pañado del director de la policía en la Clínica Ruber—,
y no pude ir el pasado sábado al tanatorio porque estaba
en otro tanatorio. Estaba en A Coruña, donde se celebró
la misa y el funeral por el alma del policía nacional cuyo
cadáver ha sido hasta ahora el único rescatado, el de
Javier.
Quiero aclararles también a ustedes, como miembros
que son de la Comisión de Interior, una cosa que aunque
no me la han preguntado creo que es de justicia que
ustedes conozcan y es que otorgar la medalla de oro al
mérito policial —que es la máxima condecoración poli-
cial— a título póstumo tiene aneja la condición —al
haber sido rescatado el cadáver— de ser una condeco-
ración pensionada, en este caso a favor de la viuda. Y si
no se la he concedido a los otros dos policías cuyos
cadáveres no han sido rescatados es porque, al no haber
sido rescatados, no se puede expedir la declaración de
desaparecido y en ese caso no tiene aneja la condición
de medalla de oro pensionada, y nos parecía que era de
justicia que los tres policías que en análogas circunstan-
cias perdieron la vida de manera heroica y por no pensar
en sí mismos sino en la persona que incluso desde una
conducta absolutamente irresponsable puso en riesgo sus
vidas y la propia —porque también el pobre muchacho
eslovaco falleció—, me parecía que todos tenían derecho
a obtener esa condición policial máxima, que es la
medalla de oro pensionada. De tal manera les garantizo
que en el momento que, o bien sean recuperados sus
cadáveres o bien transcurra el tiempo establecido en el
Código Civil, se pueda expedir ese certificado legal de
defunción, obtendrán el mismo reconocimiento. Y por
supuesto, como no solo hay que condecorar a los muertos
sino también a los vivos cuando su conducta heroica o
ejemplar así lo merece, he ordenado que se instruya un
expediente en relación con todo lo que sucedió, porque
tuve ocasión de estar reunido, poco antes del funeral,
con bastantes de los policías que participaban en el ope-
rativo para decirles entre otras cosas lo que les acabo de
decir a ustedes y también que si de la instrucción de ese
expediente se derivara —como estoy seguro se deri-
vará— el merecimiento de algún otro tipo de reconoci-
miento en forma de condecoración para aquellos poli-
cías, hombres y mujeres, que participaron ejemplar y
heroicamente en ese operativo, así se les reconozca. Así
como a un joven de 26 años que pasaba por allí —y no
es una figura retórica, es que fue así—, vio lo que estaba
sucediendo y, sin pensarlo, se incorporó a esas tareas y
salvó milagrosamente la vida. Creo que conviene
recordar en los tiempos actuales y frente a esas conductas
irresponsables en el ejercicio del ocio, que hay jóvenes
que son capaces de entender el ocio de otra manera y no
dudar tampoco —como lo hicieron los policías— en
participar jugándose su vida para salvar la de otras per-
sonas. También ese joven nos parece que merece —si
así se acredita en el expediente— ser reconocido como
ejemplo para el conjunto de la sociedad, para la juventud
y para la policía.
En relación con el terrorismo —y con esto quiero
contestar a casi todos los grupos—, al decir que no que-
remos vivir contra ETA sino sin ETA creo que de alguna
manera podemos compartir el espíritu del Gobierno. No
queremos vivir contra ETA sino que queremos vivir sin
ETA. Nos toca gestionar el fin de ETA desde esta decla-
ración de cese irreversible de hostilidades, como dicen
ellos, o de terrorismo, como digo yo, a la desaparición.
Y para eso, insisto, el consenso es fundamental; el con-
senso con los demócratas que nos ha traído hasta aquí,
porque ya cuento evidentemente con la actuación ejem-
plar de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado,
con que los fiscales y tribunales seguirán ejerciendo su
labor, con la cooperación internacional con Francia.
Insisto en lo que dijo el presidente Sarkozy: No hay
monteras, no hay Pirineos en la colaboración para luchar
contra ETA. Me lo dijo el ministro del Interior en el
encuentro bilateral que tuvimos y en dos encuentros que
he tenido con el embajador de Francia: No hay Pirineos
en la lucha contra ETA. Por tanto, esa cooperación inter-
nacional en este tránsito está asegurada; la eficacia y el
no bajar la guardia de las Fuerzas y Cuerpos de Segu-
ridad del Estado está asegurada; el testimonio ejemplar
de las víctimas del terrorismo de ETA está asegurado.
La unidad de los demócratas me la llevo yo hoy de
aquí, de esta Comisión de Interior, como un elemento
imprescindible, absolutamente necesario; no suficiente,
pero absolutamente imprescindible y necesario para que
este tránsito nos lleve a lo que todos deseamos, que es
que la esperanza de vivir en una sociedad sin ETA sea
una realidad en el País Vasco y en el conjunto de España.
Les agradezco, por tanto, su ofrecimiento y entiendo
perfectamente que ustedes me hayan entendido —per-
mítanme la redundancia— al aludir a la inteligencia, a
la prudencia, a la unidad y a la discreción en la aplicación
de la ley. Quede claro también que no se interprete que
cuando estoy diciendo esto estoy diciendo discretamente
no aplicar la ley —obviamente, sé que no es el caso—,
la Ley penitenciaria, que permite discrecionalidad, no
arbitrariedad, en algunas de sus políticas. Y tengan la
seguridad y la certeza de que sin ETA los presos de ETA
—y hablo desde el conocimiento, obviamente— serán
más libres para acogerse a los generosísimos beneficios
que la Ley penitenciaria permita. Por tanto, de ahí se
deduce esa expresión que yo he formulado en algunas
ocasiones: en este momento en el que estamos ahora, el
mayor enemigo de los presos de ETA es la propia orga-
nización terrorista ETA, que no les está permitiendo
—recuerden la cifra que les he dicho del 95 por ciento,
dada por el propio servicio de Instituciones Penitencia-
rias— acogerse a los beneficios de todo tipo que plantea
la Ley penitenciaria. ETA no se lo permite, con sus
coacciones de todo tipo, con sus amenazas de todo tipo
y con sus extorsiones de todo tipo. Todos conocen más
o menos ese mundo como para saber a qué nos estamos
refiriendo. Vías que se habían iniciado, que se habían