Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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aliada del progreso, de la actividad económica y del
empleo.
(Aplausos.)
El señor
PRESIDENTE:
Corresponde ahora el turno
de réplica del señor ministro. Cuando guste.
El señor
MINISTRO DEL INTERIOR
(Fernández
Díaz): En primer lugar y con carácter general, quiero
agradecerles a todos ustedes el tono de sus interven-
ciones; les agradezco, muy sinceramente, a casi todos el
reconocimiento que han hecho a los policías nacionales
que dieron su vida de forma heroica la madrugada del
pasado viernes en la playa del Orzán en A Coruña. Les
agradezco también, con carácter general, sin perjuicio
de que ahora particularizaré en algunas cuestiones que
los diferentes portavoces me han planteado, el ofreci-
miento de apoyo y de consenso en un momento y para
unas cuestiones como las que, con carácter general,
tienen por ámbito de responsabilidad al Ministerio del
Interior y, como es lógico, de manera muy particular, lo
que tiene que ver con el final del terrorismo, el final de
ETA. Estoy dirigiéndome de manera muy particular,
como es lógico, al portavoz del Grupo Socialista, Antonio
Hernando, pero a casi todos hago extensiva la declara-
ción de que el Gobierno, y en nombre del Gobierno quien
les habla en estos momentos, el ministro del Interior, no
quiere vivir contra ETA sino que quiere vivir sin ETA.
Estoy seguro de que casi todos los que estamos aquí
compartimos ese deseo y de manera importante la forma
de conseguir ese vivir sin ETA desde el momento en el
que nos encontramos ahora, momento en el que ha dicho
que de manera definitiva e irreversible deja de actuar, y
como parece que el ser y el obrar van juntos, si dejan de
obrar de manera irreversible, de manera definitiva, lo
que corresponde es que dejen de ser, es decir, que dejen
de existir. De esa manera, a lo mejor nos lo podemos
empezar a creer, pero que no establezcan la presunción
de inocencia sobre ETA porque evidentemente dicha
presunción no la tenemos. Cuando veamos ese desarme,
cuando veamos esa disolución de ETA, creeremos que
efectivamente están más allá del tacticismo, lo cual no
obsta para que nos alegremos —es razonable que sea
así— de que no porque se hayan convertido a la demo-
cracia, no por razones éticas, no por razones morales
sino porque han sido derrotados por el Estado democrá-
tico y de derecho, hayan decidido en estos momentos
dejar de actuar, sin perjuicio de que hayan necesitado
una puesta en escena para justificar lo que ha sido un
debilitamiento extraordinario de sus estructuras opera-
tivas por la eficacia de la Policía, por la eficacia de la
Guardia Civil, por la eficacia de la cooperación interna-
cional, por la unidad de los demócratas, por el testimonio
extraordinario, ético y moral de las víctimas. Todo eso,
en conjunto, es lo que ha llevado a la situación de ETA
y a que ETA haya dicho que deja definitiva e irreversi-
blemente de actuar; no por convicción, sino por nece-
sidad. Y, repito, como el ser y el obrar van unidos, que a
esa declaración de dejar de obrar le acompañe el dejar
de ser. En ese empeño, en ese tránsito del dejar de obrar
al dejar de ser en el que nos encontramos inmersos ahora
desde una esperanza y una ilusión renovadas pero en
ningún caso ingenuas, es donde esperamos y deseamos
transitar desde el Gobierno con el conjunto de los grupos
parlamentarios que siempre han estado en esa posición.
Evidentemente, cuando digo casi todos, ha de entenderse
que son todos menos uno, y sé que me han entendido
perfectamente.
Al portavoz del Grupo Socialista, don Antonio Her-
nando, quiero darle las gracias, y al referirme a él lo hago
extensivo a todos los grupos que me han dado la bienve-
nida a esta Comisión y que me desean éxito desde la
convicción de que el éxito del ministro y del Ministerio
del Interior, con independencia de quien ocupe la titula-
ridad de la cartera, es un éxito que nos interesa a todos.
Si el Ministerio del Interior funciona bien —entién-
danme la expresión—, bien para todos por razones
obvias, porque tiene encargada de manera muy particular
la responsabilidad de políticas públicas como la segu-
ridad, que afecta al ejercicio de la libertad. Se ha hecho
referencia antes a que seguridad es presupuesto básico
y previo y a que de alguna manera tiene carácter instru-
mental para garantizar lo que hay que garantizar: que se
pueda ser libre y se puedan ejercer de verdad y no solo
nominalmente los derechos y libertades fundamentales
que nuestra democrática Constitución reconoce al con-
junto de los ciudadanos españoles. Por tanto, si el Minis-
terio del Interior funciona bien, mejor para los españoles,
sea quien sea el titular y gobierne quien gobierne. Esa
bienvenida y ese agradecimiento que me expresa el señor
Hernando y que le agradezco muy sinceramente lo hago
extensivo a todos los portavoces que así me lo han mani-
festado.
Señor Hernando, le agradezco que haya hecho refe-
rencia a que el roce engendra el cariño —estamos más
cerca de los cuatro años que de los tres y yo también
tengo una cierta nostalgia—, y me quedo con su expre-
sión de que no vengo en son de paz sino que estoy en
son de paz. Es muy importante que entre el Gobierno y
el partido que lidera la oposición haya en estos temas,
que son auténticas cuestiones de Estado, entendimiento.
Le garantizo que por nuestra parte va a haber toda esa
voluntad de entendimiento y estoy seguro que ustedes
tendrán también esa voluntad de entendimiento, de ges-
tionar el final de ETA teniendo como hoja de ruta el
cumplimiento de la ley; cumplir la ley en general y muy
en particular la Ley penitenciaria. En todo ese tránsito y
en toda esa gestión es donde yo les pedía prudencia,
inteligencia, unidad y discreción, y sé que todos ustedes
me entienden porque son políticos experimentados y los
que no lo son —que lo son todos ustedes menos uno—
ya lo aprenderán; quiera Dios que lo aprendan.
Me sumo, por supuesto, porque me parece de justicia,
al pésame por el que ha sido director adjunto operativo
de la Policía Nacional, Miguel Ángel Fernández Chico.
Sabe muy bien el señor Hernando que yo estuve visitán-
dole en la Clínica Ruber la víspera de la revisión de la