Page 3 - CO_029.indd

Basic HTML Version

Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
3
definitiva, son los representantes de los ciudadanos y por
ello depositarios de su confianza. Eso, haciéndolo com-
patible con la delicadeza de algunas cuestiones que por
razón de la materia le corresponde tratar al ministerio
del Interior y que estoy seguro de que sus señorías sabrán
en cada caso ponderar.
Señor presidente, señorías, el presidente del Gobierno,
don Mariano Rajoy, me ha concedido el alto honor y la
alta responsabilidad de dirigir el ministerio del Interior
tras la etapa política que se abrió en España con ocasión
de las elecciones generales del pasado 20 de noviembre.
Asumo este reto con agradecimiento por la confianza
que el presidente del Gobierno ha depositado en mí, y
con plena conciencia de la enorme responsabilidad que
me ha sido confiada en este ministerio y en este momento.
Lo hago también con la profunda convicción de que el
servicio a España, y en concreto a la seguridad de los
españoles, exige una dedicación absoluta. Puedo asegu-
rarles que invertiré en ello todo mi tiempo y, en defini-
tiva, toda la capacidad de la que sea capaz. No tenemos
un minuto que perder ni podemos permitirnos el lujo de
hacer concesiones a la contemplación diletante. Como
dijera en una ocasión Cervantes, por la calle del ya voy
se llega a la plaza del nunca.
Señor presidente, señorías, antes de iniciar mi expo-
sición propiamente dicha sobre las líneas de trabajo del
ministerio en esta X Legislatura, quiero que mis primeras
palabras vayan en la misma dirección que las manifes-
tadas por el señor presidente de la Comisión, palabras
que lógicamente le agradezco de manera muy especial.
Son palabras de sentido y merecido homenaje a los tres
policías nacionales que en la madrugada del pasado
viernes entregaron sus vidas en un acto de servicio que
iba más allá del cumplimiento del deber. Javier López,
cuyo cuerpo es el único hasta este momento obtenido,
recuperado y enterrado, JoséAntonioVillamor y Rodrigo
Maseda no dudaron en arrojarse a un mar embravecido,
con un oleaje feroz, en la playa del Orzán, de La Coruña,
para intentar un rescate en condiciones de máxima adver-
sidad. Hemos tenido ocasión de vivir de primera mano
la tragedia, pero también puedo asegurarles, señorías,
que hemos aprendido la lección. La actuación de los tres
policías nacionales —los cuerpos de dos de ellos, como
ha señalado el presidente de la Comisión, en estos
momentos todavía no han sido rescatados— es un
modelo de ejemplaridad en el desempeño del servicio
público; por algo son conocidos ya como los héroes del
Orzán. Actuaron sin titubeos, aunque ese servicio a los
demás les costara, como les costó, la vida. Quiero
decirles, señorías, como ministro del Interior y con un
legítimo orgullo que entiendo que todos podemos com-
partir porque son así nuestros policías.
Señoras y señores diputados, así es el Cuerpo Nacional
de Policía. Como ministro quiero reconocer pública-
mente ante esta Comisión que el sacrificio de Javier, José
Antonio y Rodrigo no ha sido en vano, y no debe ser en
vano. A sus familiares quiero, en esta ocasión en sede
parlamentaria y solemnemente, reiterarles la condolencia
que personalmente tuve ocasión de trasladarles, pero
también un mensaje nítido en estos momentos. Nos
sentimos profundamente orgullosos de ellos porque su
comportamiento ha sido un ejemplo para todos. Señorías,
además quiero decirles que del triste suceso de la playa
del Orzán hemos de sacar otras enseñanzas. No hay mal
que por bien no venga. El ocio irresponsable y desorde-
nado cuesta vidas. Las conductas incívicas e insolidarias
de algunos suponen en ocasiones, cada vez en más oca-
siones, un daño irreparable para otros. Por eso me per-
mito proponer a la Comisión de Interior abordar conjun-
tamente un reflexión pausada —pero sin pausa— y
sincera acerca de la forma de hacer frente a fenómenos
como el sucedido en esta ocasión en Galicia, que por
desgracia no es una excepción en los tiempos que
vivimos, para defender el libre ejercicio de los derechos
y libertades de todos frente a comportamientos incívicos
que pueden derivar, como en el caso que nos ocupa de
la tragedia del Orzán, en consecuencias dramáticas para
los protagonistas de esas conductas y para los agentes
del orden.
Manifestado esto, señorías, permítanme ahora exponer
las prioridades del programa de gobierno del Ministerio
del Interior para esta legislatura. Como les he anticipado,
soy plenamente consciente del reto que asumo y de las
dificultades del mismo; más ahora que nunca, cuando,
además de otras circunstancias que a nadie se le escapan,
estamos inmersos en una coyuntura económica dura-
mente adversa, con una deuda en el Ministerio del Inte-
rior de más de 217 millones y un presupuesto prorrogado
y equivalente al correspondiente al año 2007, es decir,
al de hace cinco años. Es un dato que conviene que todos
retengamos. No lo manifiesto como crítica ni excusa ni
pretexto de nada ni coartada; simplemente quiero decir
que en estos momentos el Ministerio del Interior, por
mor de la coyuntura en la que todos nos encontramos,
tiene un presupuesto equivalente al de hace cinco años,
cuando las necesidades de todo tipo han crecido, y en
algunos casos exponencialmente. Ello nos lleva a que
tengamos que racionalizar con eficiencia los recursos de
los que disponemos para alcanzar los retos que reclama
de nosotros la sociedad española. Actuar de otra forma
sería defraudar la confianza que los ciudadanos nos han
otorgado recientemente.
Paso ahora, pues, a concretar las líneas generales que
definirán los objetivos prioritarios de trabajo para el
Ministerio del Interior durante esta legislatura. Todas
ellas se pueden resumir en una idea: hemos de conseguir
que España sea cada vez un país más seguro. Estoy
convencido de que trabajar por la seguridad es crear un
campo fértil para la libertad y para la prosperidad. En el
Ministerio del Interior consideramos que la seguridad es
en el siglo XXI un concepto, si me permiten la expresión,
poliédrico. Trabajar por la seguridad no es solo defender,
que por supuesto lo es, el libre ejercicio de los derechos
que los ciudadanos tienen reconocidos en la Constitución
frente a la criminalidad en sus diversas manifestaciones,
sino que es también proteger la seguridad jurídica o es