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Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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digo la verdad histórica me estoy refiriendo a la verdad
histórica en relación con el proceso de estos cuarenta y
tantos años de terrorismo de ETA; a eso me estoy refi-
riendo. Desde luego el ministro del Interior, el Ministerio
del Interior, el Gobierno de España no está por la equi-
distancia ni por confundir a unas víctimas con otras; lo
tiene clarísimo. Hay víctimas que son víctimas de ETA
que no se han tomado en ningún momento —aunque hay
una tentación— la justicia por su mano y que merecen
todo nuestro respeto, todo nuestro reconocimiento por
el ejemplo extraordinario que han dado en todo momento.
Esa fuerza moral también tiene que ver con la derrota de
ETA, y a eso me estaba refiriendo.
Cuando el señor Sixto ha aludido a que falta concre-
ción de criminalidad política de guante blanco, le puedo
decir que creo que en mi exposición estaba implícita
cuando hablaba de asignación de efectivos a zonas geo-
gráficas en donde nos consta que está asentada determi-
nada criminalidad. Yo no voy a entrar en más detalles,
pero es una cosa muy normal y habitual que los emba-
jadores vayan al Ministerio del Interior por la dimensión
internacional que tiene la criminalidad. Estamos en un
mundo global y el lado oscuro de la globalización es la
criminalidad. Hoy la criminalidad es transnacional, es
internacional, por eso la dimensión internacional —a la
que se refería el portavoz del Grupo Popular— del
Ministerio del Interior, no solo del español sino de todos
los ministerios del Interior porque en estos momentos el
crimen tiene una dimensión internacional, ha de hacer
frente a esa criminalidad. Le puedo asegurar que ha
habido algún embajador que me decía que agradecía
mucho la cooperación y la colaboración que le estaba
manifestando, dando el Ministerio del Interior y los
Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado españoles.
Me decía el embajador —yo nunca me hubiera atrevido
a utilizar esta expresión—: Sabemos dónde está instalada
la aristocracia delictiva y gansteril de nuestro país;
repito, me decía: Sabemos dónde esta instalada la aris-
tocracia delictiva y gansteril de guante blanco, y le
damos las gracias, señor ministro, por permitirnos seguir
actuando de manera conjunta para erradicar y luchar de
manera cada día más eficaz contra esa delincuencia que
tiene que ver con el tráfico de drogas —de hachís, de
cocaína—, con el tráfico de personas, con el blanqueo
de capitales, con la evasión fiscal. Estamos hablando de
todo eso, y me parece que todo eso tiene mucho que ver
con lo que usted me decía de que faltaba concreción. Me
hablaba también de la radicalidad de la extrema derecha.
Cuando hablé de luchar contra los fenómenos de radi-
calización, yo no hice distingos; vale la de todo tipo, ahí
está incluida. Por supuesto, estamos de acuerdo —creo
que lo he manifestado antes también— en que el binomio
seguridad-libertad es indivisible y que la seguridad es
supuesto previo necesario para la libertad. En ese sen-
tido, evidentemente la finalidad es la libertad, pero
partiendo de la base de que sin seguridad no hay libertad.
Por último, aludía al modelo policial napoleónico. Ha
dicho que consiste en tener dos cuerpos policiales, sin
perjuicio de las policías autonómicas integrales, la Ert-
zaintza y los Mossos d’Esquadra: el Cuerpo Nacional de
Policía y la Guardia Civil. Yo no sé si es napoleónico o
no de verdad, pero le puedo asegurar que es un modelo
policial que tienen la mayoría de países de nuestro
entorno geográfico y político. Además, ya que ha aludido
tan reiteradamente a la Guardia Civil, le quiero decir que
muchos países vienen a copiar la Guardia Civil. Como
saben los portavoces que llevan ya tiempo en estas tareas,
un cuerpo como el de la Guardia Civil, fundado en el
año 1844, que sabe combinar de manera tan equilibrada
su disciplina y su carácter militar con su asignación a
tareas civiles y su dependencia orgánica y funcional de
un ministerio civil como el Ministerio del Interior, es un
instrumento extraordinario para el buen funcionamiento
de un Estado como el español, y en general de los
Estados que quieren tener o tienen de hecho cuerpos
policiales similares a la Guardia Civil. Le podría decir
más. Contesto así a doña Rosa Díez, de Unión Progreso
y Democracia, y al señor Sixto. Doña Rosa Díez, con
toda cordialidad y con todo afecto. No es cierto que
siempre se aplique a los guardias civiles el Código Penal
Militar. Solo se aplica en los supuestos que la propia ley
establece, que están tasados, no con carácter general. Me
ha preguntado también si íbamos a rehabilitar o a rein-
gresar en la Guardia Civil a los guardias civiles que
habían sido expulsados por haber ejercido derechos y
libertades; le tengo que decir que no es así tampoco. Han
sido expulsados no por pedir el ejercicio de derechos
asociativos, que son los que reconoce la ley, sino por
ejercer actividades sindicales, que entonces no estaban
reconocidas sino taxativamente prohibidas y así lo
siguen estando en la ley. Señor Sixto, es lógico que ten-
gamos modelos policiales distintos y modelos diferentes
en otras cuestiones —somos fuerzas políticas bastante
distintas, por eso no pasa nada, es normal—, pero según
el informe del ministerio en relación con el número de
generales que tiene la Guardia Civil, con el número de
efectivos que tiene la Guardia Civil, con el número de
efectivos que hay de Guardia Civil y Policía Nacional
en el País Vasco, la Ley de Derechos y Deberes de la
Guardia Civil se respeta y se aplica en su integridad. No
vamos a vulnerar ninguno de los derechos que la ley
reconoce a los guardias civiles, pero tampoco vamos a
permitir que se traspase lo más mínimo los límites que
la propia ley marca para intentar convertir lo que es legal,
que es el asociacionismo, en lo que es ilegal, que es el
sindicalismo. A la Guardia Civil no va nadie forzado,
cuando uno ingresa en la Guardia Civil sabe adónde va;
además la Guardia Civil es un cuerpo en el que la tradi-
ción familiar está muy presente. Intentar desnaturalizar
un cuerpo que tiene 170 años de existencia a lo mejor es
legítimo a nivel personal, pero no vamos a consentirlo.
Se lo digo con toda franqueza, con toda cordialidad y
con todo afecto, mientras gobierne el Partido Popular
—y tengo la impresión que el Partido Socialista está en
la misma posición que nosotros— la Guardia Civil
seguirá siendo lo que es y seguirá prestando a España y