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Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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a la seguridad de los españoles los impagables servicios
que está prestando desde hace muchos años. Quiero que
quede claro, porque esa es nuestra posición política y la
reafirmo en esta primera comparecencia en la Comisión
de Interior.
Termino ya, porque el presidente me está marcando
que llevo cuarenta minutos. Como son siete portavoces
y me han planteado tantas cosas, es normal… Si no les
contesto incurro en descortesía parlamentaria y si les
contesto incurro en exceso parlamentario.
Al señor Urbina simplemente le voy a decir que, como
dijo el presidente del Gobierno en el debate de investi-
dura, no les debemos nada. La sociedad española, no les
debe nada. ¡Solo faltaría que les debiera algo porque
dejan de matar! En cuanto a los presos políticos, le ha
contestado muy bien el señor Salvador, de UPN. España
es una democracia y en España no hay presos políticos.
Si hubiera estado usted ayer —se lo digo mirando al
señor Salvador, que en este sentido está en nuestra misma
posición, UPN y el Partido Popular, y muchos de
ustedes— conmemorando el 14º aniversario del asesi-
nato de Alberto Jiménez Becerril y su esposa Ascen,
el 30 de enero de 1998 en las calles de Sevilla, estoy
seguro de que se le caería la cara de vergüenza por hablar
de presos políticos al referirse a quienes les metieron dos
tiros en la nuca a esas dos personas, a ese matrimonio,
dejando huérfanos a tres niños de 3, 4 y 7 años, a los que
yo saludé ayer, ya con catorce años más
(Un señor
diputado: ¡Muy bien!—Aplausos.)
Hablar de presos
políticos en España es una indecencia y una inmoralidad.
Además de lo que he dicho, le digo de verdad, señor
Urbina, que ustedes no han condenado todavía la vio-
lencia ni han exigido a los terroristas que se disuelvan.
Sería un buen momento hoy, en esta Comisión de Inte-
rior, en sede parlamentaria, en ocasión tan formal y
solemne, que aprovechara usted la ocasión, como por-
tavoz de su Grupo Parlamentario de Amaiur, para con-
denar ustedes la violencia y exigir a ETA su disolución.
Así seguramente podríamos avanzar en la línea que todos
queremos de una sociedad vasca y española sin terro-
rismo, sin extorsión, sin secuestro, en paz y en libertad,
y lo que ustedes afirman tendría más visos de credibi-
lidad de la que tiene en estos momentos. Señala que no
haya vencedores y vencidos. Va a haber unos vencedores,
que son los demócratas, que son los hombres y mujeres
de paz, y unos vencidos, que son los terroristas, que han
querido imponer sus tesis por la vía del terror.
Señor Salvador, de UPN, le agradezco sus palabras.
Tenga la certeza de que vamos a trabajar con UPN, evi-
dentemente en estrecha colaboración. Todo lo que afecte
desde el Ministerio del Interior al interés de Navarra va
a tener en quien le habla un interlocutor leal, como yo
sé que tengo en UPN y en usted un interlocutor leal.
Vamos a trabajar conjuntamente para defender la fora-
lidad como hecho diferencial y específico de Navarra,
que es la mejor manera que ha entendido la mayoría de
los navarros de manifestar también su españolidad. En
ese sentido vamos a estar juntos, vamos a trabajar juntos.
Le agradezco mucho sus palabras, su colaboración, a la
que correspondo con todo el afecto y todo el cariño.
Si me he dejado algún aspecto, les ruego que me dis-
culpen. Hay todavía un turno de dúplica, pero así el señor
presidente dejará de llamarme la atención cordialmente.
El señor
PRESIDENTE:
Espero que la generosidad
no se vuelva en contra de esta Presidencia ni de sus
miembros. Puedo asegurarles que ha habido en torno a
un 50 por ciento de margen sobre las intervenciones
inicialmente previstas. Por eso les ruego encarecida-
mente ahora que si existe alguna precisión que deseen
realizar la hagan. Les agradecería a todos que no seamos
especialmente reiterativos. Creo que la inteligencia de
los señores diputados, a la que tantas apelaciones se ha
hecho, permite que no haya que repetirles las mismas
cosas un número ilimitado de veces. Por todo ello,
insisto, vamos a abrir este turno en el mismo orden ini-
cialmente previsto. Vuelvo a insistir en los dos conceptos
en los que no fui pedagógico, que el tiempo máximo no
es tiempo mínimo y que no es obligatorio intervenir.
(Risas.)
Señor Hernando, ¿renuncia?
(Afirmación.)
Muchas
gracias. ¿Señor Jané?
(Denegación.)
Muchas gracias,
que cunda el ejemplo. Señor Sixto, ¿alguna precisión?
(Afirmación.)
El señor
SIXTO IGLESIAS:
Muy brevemente. En
el tema de los CIE no nos ha contestado si se va a recu-
rrir a su privatización. Agradecemos que se vaya a pactar
por consenso el reglamento, pero nos gustaría que nos
contestase a ese extremo.
El señor
PRESIDENTE:
Señora Díez.
La señora
DÍEZ GONZÁLEZ:
No me fijaré en aque-
llas cuestiones que no han merecido respuesta por parte
del ministro del Interior —supongo que es un problema
de falta de tiempo—, como la mejora de la seguridad en
las instalaciones o la homologación salarial y social de
los servidores públicos, pero le quiero hacer dos matiza-
ciones. Yo he solicitado la reforma del régimen discipli-
nario de la Guardia Civil para que solo se le aplique el
Código de Justicia Militar en caso de guerra o decretado
el estado de sitio.Ya sé que no se les aplica siempre, pero
se les aplica muchas veces más que en estos dos
supuestos. Lo que le planteo es que se les aplique solo
en estos dos supuestos. Me preocupa lo que ha dicho
usted en relación con los guardias civiles expedientados.
Me preocupa porque es una regresión respecto de la
posición del Partido Popular en esta materia. Le recuerdo,
señor ministro, que el 9 de octubre de 2009 acordamos
por unanimidad el texto que le voy a leer. Propuesta del
Grupo Parlamentario Popular a una iniciativa de esta
diputada de Unión Progreso y Democracia: El Congreso
de los Diputados insta al Gobierno a revisar de manera
inmediata e individualizada los casos de guardias civiles
expedientados por reivindicar sus derechos constitucio-