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2º.‐
Como la ociosidad singularmente en hombres yá viciados es el manantial de los
crímenes, y desarreglados, será una principal atención de los Comandantes de los Presidios
desterrarla absolutamente de ellos. Asi aun cuando falten trabajos para los incapazes de
emplearse en oficios, ó no permita la interperie salir a ellos, les proporcionarán otras faenas
para que no se necesite industria, aunque no tengan mas utilidad que la de no tener gente
ociosa.
Con
el
mismo
objeto
procurarán
trabajos nada cansados, y sedentarios á los convalecientes, y acharosos que vencida su
desidia les aprovecharán aun a su salud.
3º.‐
Tendrán sumo cuidado todos los empleados en cortar y aun castigar los autores de
conversaciones dirigidas a promover disgustos, quejas, determinaciones violentas, contrarias
al buen orden, y denigrativas de los superiores, ó escandalosas. Igualmente vigilarán á que
no medie ningún interés en los juegos que se les tolere, para que no sean origenes de
pendencias, ni de robos.
4º.‐
Asi mismo atenderan á cortar las disputas, rencillas, diserciones y demás antecedentes
por donde se llegue a las manos y se engendran odios, y animosidades. Por lo tanto quando
dos Presidiarios de una Brigada hayan reñido, además de castigar al culpable se les pasará a
otra Brigada.
5º.‐
Con el mismo fin de evitar los desordenes, se castigará con más o menos rigor según su
reincidencia, ó costumbre a los desvergonzados, insolentes provocativos.
6º.‐
Además convendrá desarraigar de entre los Confinados las habitudes que tienen los de
su especie de ¡urar, maldecir, y no expresarse sino con palabras torpes. Pero estas faltas no
las castigarán por si con el palo los Cabos de vara, porque es necesaria mucha prudencia
para apreciarlos y corregirlas : de lo contrario solo se introduce un terror que exaspera los
ánimos.
7º.‐
El privar a los Confinados de los medios de incurrir en nuevos crimenes deve ser otro
cargo de los Gefes de los Presidios; y los medios son las armas, los hierros que puedan
reemplazarlas, ó servir de limas, ganzuas, ó palancas, el dinero, y el trato, ó correspondencia
con gentes desconocidas, ó de mala reputación.
8º.‐
El grande y eficaz arbitrio que existe para cortar los crimenes es la certeza de sufrir la
pena, ó castigo que merecen; la esperanza de la impunidad sea por una humanidad mal
entendida de los Jueces, ó de los testigos; sea por el favor y amparo que se cree tener en
personas de valimiento, que indiscretamente se empeñan con la Justicia sea por otros
medios de corrupcion y prevaricación, es la que fomenta los vicios, acumula los crimenes,
relaja la disciplina, y al fin obliga a ejecutar mucho mayor numero de castigos, que por lo
comun recaen en quienes solo por el ejemplo de ver impunes los malvados, se resuelven a
imitarlos. Además es no solo injusto, y aun iniquo, sino de un extremo mal ejemplo, e