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Un fallo masivo de seguridad permite la fuga de los dos reclusos de Sevilla 1

SEVILLA. Dos presos ingresados en el módulo 7 de reclusos preventivos de la cárcel Sevilla 1-Rafael Hidalgo y Mohamed Larli- aprovecharon el fuerte aguacero caído la madrugada del jueves para hacer un agujero en la pared de su celda sin llamar la atención de los funcionarios. Desde allí salieron a la galería y se dirigieron a una ventana protegida con rejas de «hierro dulce» -más fácil de forzar- y saltaron desde una altura aproximada de dos metros hacia el campo de fútbol. Aquí localizaron una manguera -otras fuentes dicen que habían formado una cuerda con sábanas- para saltar los siguientes escollos hacia la libertad: el tejadillo de unas oficinas y dos muros, uno de ellos en el que están las garitas de la Guardia Civil, y salieron al exterior. Y todo ello sin que nadie se apercibiera de sus movimientos ni saltara, que se sepa, alarma alguna.

Fuente: ABC

La ausencia de Hidalgo y Larli sólo fue detectada a las 7,30 horas, cuando los funcionarios pasaron lista y en el recuento comprobaron que faltaban dos presos. Cuando se descubrió la fuga, los dos internos -uno de ellos, el español, condenado por robo y en prisión preventiva por un homicidio que perpetró en 2008 en Bujalance (Córdoba) tras quebrantar una condena, y el otro por robo con violencia- habían tenido tiempo más que suficiente para huir lejos de la prisión.
Aprovecharon la tormenta
Parece que las previsiones de que a mediados de esta semana volvería el agua en forma de tormenta fue muy útil para los presos fugados que, según algunos indicios, podían tener preparada su fuga haciendo un boquete en la pared de su celda. Fuentes consultadas por ABC indicaron que los presos podrían haber utilizado los hierros del somier de la cama para hacer el butrón en la pared. El ruido ensordecedor que provocaba el agua al caer sobre los tejados de chapa de las galerías y sobre las cubiertas de los pabellones permitieron a los internos trabajar sin temor a ser descubiertos.
Los presos preventivos habrían aprovechado un punto débil de la pared donde antes hubo una instalación eléctrica y que había sido tapado con un material tan poco resistente que no impidió la huida de los presos. Tampoco la ventana del pasillo de celdas ofrecía garantías: al parecer por ella ya se habrían escapado otros presos con anterioridad. A esos dos hechos se sumaron fallos en el sistema de seguridad interior -que controlan los funcionarios de prisiones- y que permitieron que los dos presos atravesasen buena parte de la prisión sin que nadie los viese. Tampoco la Guardia Civil, que dispone de cámaras, se apercibió de nada. Hay quien dice que la alarma no funcionó por la fuerte tormenta que caía sobre Sevilla a esas hora de la madrugada; otros aseguran que en el interior de la cárcel no hay cámaras de seguridad, sólo en el perímetro y que al parecer no estaban en funcionamiento.
Fuentes del sindicato Acaip indicaron que el ruido del aguacero y el hecho de que haya menos funcionarios de los que estipula la RTP (Relación de Puestos de Trabajo) ha facilitado la huida de estos presos. Lo cierto es que la prisión de Sevilla I fue inaugurada en 1989 y por tanto no tiene la misma seguridad de los centros tipo.
La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias calificó los hechos de «muy graves» y, como la Guardia Civil, ya ha abierto una investigación «a fondo».
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