Fuente: El Periodico.com
Decía Concepción Arenal (1877): ¿Las prisiones deben depender del ministerio de Gracia y Justicia,¿ siendo el modo de cumplir la pena una parte esencial de la Justicia, al centro (Ministerio) especialmente encargado de administrarla deben pertenecer los establecimientos penales¿. Sin embargo, en España, desde 1996, cuando pasaron a depender de Interior, las cárceles se han convertido en una herramienta de Interior, en un almacén de delincuentes, ajenas al mandato constitucional de reeducación y reinserción social. Pretendían y han conseguido sacar al servicio público penitenciario de la normalidad administrativa, y revestirle de un carácter especializado para que quepan actuaciones arbitrarias o de mera represión. Un ejemplo es que se han creado en muchas prisiones grupos de información y de intervención para policiales, tan al margen de la Ley que han provocado la reforma del Reglamento, para darles una mínima cobertura cuasi legal. Pero los profesionales que trabajamos en las cárceles somos personal de la Administración Civil del Estado, nuestra función es muy distinta a la política de seguridad y orden público que tan dignamente llevan a cabo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Nuestra labor es más discreta, aunque no menos ambiciosa: trabajamos con los internos y sus familias, intentando descubrir y potenciar las capacidades que tiene cada penado, para llevar una vida honrada cuando alcance la libertad. Estamos fiscalizados directamente por el Juez de Vigilancia Penitenciaria y por los Tribunales competentes en cada causa abierta a un interno. Así debe seguir siendo, es de Justicia.