Los hechos ocurrieron, según se recoge en la sentencia, en marzo de 2010, cuando la acusada se sometió al control de seguridad y en él le fue detectado un preservativo que se había introducido en la vagina, y en el que guardaba 53 gramos de resina de cannabis en cinco trozos y 50 comprimidos del medicamento psicotrópico Trankimazín.
“Evidente” > La resolución señala que el destino “evidente” de las sustancias decomisadas era el tráfico ilegal dentro de la cárcel, y añade que el precio de las drogas y los medicamentos hubiera rebasado los 400 euros. En consecuencia, la sentencia le impone dos años de cárcel, al considerarla autora de un delito de tráfico de sustancias de las que no causan grave daño a la salud.
Fuente: El Correo Gallego