Al regreso de una de esas salidas, que le fue concedida el 6 de mayo del 2009, el personal de la prisión alertado por los guardias lo derivó al Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña para que fuese sometido a una serie de pruebas médicas. Los propios agentes lo condujeron hasta el Chuac, donde las radiografías determinaron que «tenía varios objetos en el interior del abdomen».
Posteriormente, el acusado expulsó tres preservativos que contenían un completo catálogo de estupefacientes.
Entre los narcóticos intervenidos había casi 20 gramos de hachís, 1,4 de cocaína, 3,5 de heroína -en los tres casos de dos variedades distintas-, 14 unidades de metadona, 106 pastillas de Trankimazín y otras 20 de Tranxilium (dos marcas de tranquilizantes).
Los magistrados de la audiencia determinaron que esas sustancias, «al menos la heroína y la cocaína causan grave daño a la salud» e iban a ser destinadas a terceras personas, con un valor aproximado en el mercado de 898 euros. Por ello, frente a los seis años de prisión que pedía la Fiscalía y la absolución reclamada por la defensa, decidieron condenar al acusado a tres años de cárcel y una multa de 1.796 euros, teniendo en cuenta el atenuante de drogadicción y el agravante de reincidencia.
El implicado, ya había sentenciado de manera firme, al menos en otras 22 ocasiones, la mayor parte de ellas por robos con fuerza y violencia y por delitos contra la salud pública.
Fuente: La voz de Carvallo