Congreso
31 de enero de 2012.—Núm. 29
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País Vasco, y es el reconocimiento, reconciliación y
reparación de las víctimas. Usted ha hecho referencia a
las víctimas del terrorismo y, en efecto, así debe de ser,
pero no se puede quedar este reconocimiento, esta recon-
ciliación y esta reparación únicamente en las víctimas
del terrorismo. Existen otras víctimas con relación al
conflicto que deben ser igualmente reconocidas y repa-
radas, y me estoy refiriendo a los otros 204 muertos, a
las más de 5.000 denuncias por torturas que se han
efectuado en los últimos veinticinco años y a los más de
seis desaparecidos que existen, como decía, en relación
con este conflicto.
Estoy de acuerdo con usted en que es fundamental la
verdad de todo esto. Señoría, ahí sí que creo que es fun-
damental recoger la verdad de todas las partes. Solo así
se puede garantizar la verdad, un verdadero reconoci-
miento de lo ocurrido; verdad que, en efecto, como decía,
nos corresponde recoger entre todos y en la que todos
nos tenemos que sentir identificados, huyendo del esce-
nario de vencedores y vencidos. Por eso, señor ministro
—finalizo ya—, me atrevería a solicitarle que se sitúen
ustedes en el carril de las soluciones junto a la mayor
parte de la sociedad vasca, también junto a Amaiur, y
contribuyan en lo que les corresponde para garantizar y
favorecer un escenario, como decía, de paz justa y de
democracia verdadera, un escenario sin vulneración de
derechos fundamentales.
El señor
PRESIDENTE:
Gracias, señor Urbina.
Tiene la palabra el señor Salvador.
El señor
SALVADOR ARMENDÁRIZ:
Señorías,
empiezo, señor ministro, dándole la bienvenida a esta
Comisión y felicitándole por su nombramiento y, sin
duda, deseándole éxito y acierto en su cometido.
Ahora usted es responsable de un área muy importante
desde nuestro punto de vista, un ministerio de Estado
que trata de la libertad de los españoles, de su seguridad,
del orden civil, de la protección del libre ejercicio de los
derechos, también de los límites de ese ejercicio y, cómo
no, porque a veces lo olvidamos, del cumplimiento de
los deberes. Para hacer bien su trabajo, que sé que lo
hará, tengo que pedirle rigor, profesionalidad, determi-
nación, espíritu de servicio, y en ese camino sabe que
usted contará con la colaboración de este diputado y, sin
duda, la colaboración activa y leal de mi partido, Unión
del Pueblo Navarro. Hablo de espíritu de sacrificio y
generosidad como el que usted ha denominado héroes
de Orzán, Javier, José Antonio y Rodrigo, y yo me uno
al homenaje que todos los portavoces, todos menos uno,
el presidente y el ministro hemos hecho de su heroica
acción. A mí, sinceramente, su sacrificio y su genero-
sidad aún me provoca cierto escalofrío, lo tengo que
reconocer, y, desde luego, profunda admiración y orgullo.
Usted ha dicho que así son nuestros policías, y es así, y
así son siempre. Hoy no estaríamos, sin duda, tan cerca
del final de ETA si no fuera por el sacrificio y la gene-
rosidad de tantos y tantos policías nacionales, guardias
civiles, militares y civiles que dieron su vida por nuestra
libertad y por nuestra seguridad, y yo me apunto, y UPN
se apunta, sin complejos a trabajar por una sociedad, una
España construida por ese instinto de ayudar, ese impulso
de ser solidarios hasta el punto heroico de jugarse la vida
por los demás. Y lo digo expresamente porque en mi
tierra se hacen públicos homenajes a individuos que
asesinaron, mandaron asesinar, fabricaron la munición
ideológica con la que, luego, algunos consciente y selec-
tivamente mataron a otros ciudadanos y sobre cuyo mal
ejemplo se pretende construir una sociedad totalitaria y,
a mi juicio, desde luego, muy enferma. Usted hablaba
de deslegitimación social del terror y nosotros nos apun-
tamos a ello. Hagámoslo. Txapote no es un preso polí-
tico, es un asesino en serie.
Quiero que como navarro traslade el agradecimiento
de mi partido y de gran parte de la sociedad navarra a la
Policía Nacional y a la Guardia Civil por la defensa de
la libertad y de nuestro modelo democrático de sociedad.
El presidente, don Mariano Rajoy, lo dijo en su investi-
dura: no les debemos nada. Es así y así debe ser. Si
estamos en disposición de vislumbrar un final, es y será
porque los terroristas entiendan que nada obtendrán ni
por matar ni por dejar de hacerlo. Durante cincuenta años
ETA ha querido jugar un juego macabro en el que el
terror ha sido utilizado para obtener rédito político, y es
verdad que en muchas ocasiones lo ha obtenido. Hoy,
miles de ciudadanos vascos no pueden votar en su tierra,
no viven en su tierra. Por no soportar la presión y el
chantaje viven ocultos en otros lugares de nuestra geo-
grafía. También es cierto que algunos partidos, durante
estos treinta años, se han beneficiado de que todos esos
ciudadanos y otros que aún están inconfesablemente en
el País Vasco y en Navarra, no puedan ejercer su derecho
político, porque los partidos no nacionalistas somos
impotentes a la hora de poder buscar listas electorales
en muchísimos municipios, hecho que, obviamente,
beneficia a aquellos partidos políticos que no sufren el
chantaje y que sí se pueden presentar desde hace treinta
años a esas elecciones, sobre todo a las locales y regio-
nales. Señor ministro, hablaba de juegos. Mientras ETA
exista el juego continúa. Tenga la seguridad de que solo
podemos esperar de ETA su mejor jugada, aquella que
más les beneficie a ellos. No lo olvidemos. Por eso, no
podemos ni debemos bajar la guardia.Y lo que en ningún
caso podemos hacer es hacer dejación de nuestra propia
responsabilidad o jugar mal nuestras propias cartas, o
pensar que sus urgencias históricas, políticas o como
organización son también las nuestras. Quien defienda
la independencia, la secesión, otro modelo de sociedad,
una Cuba, por decirlo de alguna manera, excluyente y
misérrima en el corazón de Europa, debe saber que no
podrá servirse de ETA para obtener sus fines políticos.
Eso, señorías, debe de acabar.
Usted hablaba de unidad, determinación, firmeza,
inteligencia, prudencia y discreción, y nosotros, desde
luego, le tomamos la palabra. Ha citado algunas medidas
que afectan en especial a la Comunidad Foral de Navarra,