
ACAIP - Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) es el sindicato mayoritario en el sector
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Fuente: El Mundo.es
"La cárcel es la universidad del delito, el master de la delincuencia. Yo me he dedicado a boxear, a entrenar y a sacarme la carrera de Derecho. Comes, cenas y a la cama; sabes con quién te tienes que juntar y con quién no. Otros entran por dos kilos de 'chocolate' y salen con contactos para traficar o sabiendo cómo hacer butrones. No existe reinserción de ningún tipo. Al sistema le importas tres mierdas".
José Ignacio Rocha sabe de lo que habla. Ha pasado 14 de sus 37 años en prisión. Once de ellos por intentar matar a José Emilio Rodríguez Menéndez. La pareja del abogado huido a Argentina le contrató en 1999 para matarlo. Falló y fue detenido y condenado, pese a que él negó siempre que fuera a matarle sino a robarle. Entró en prisión y agredió a un preso de Al Qaeda: "Estuvo en coma seis meses, me calificaron de preso peligroso y comencé a rodar por las cárceles". Recorrió 16.
Ahora, condenado de nuevo por una extorsión que niega haber cometido –-"lo otro lo hice y he pagado por ello, pero esto me lo he comido sin culpa ninguna, absolutamente injusto; a la presunción de inocencia sólo tienen derecho aquellos que se apellidan Urdangarin, Camps o Flores"–-, publica en este diario parte de la tesis con la que se pretende doctorar en Derecho.
Durante semanas, tuvo en su poder un móvil de última generación en la cárcel de Valdemoro, y con él grabó, dice, su alegato contra el trato "inhumano" que se da en la prisión a los presos y las "pésimas" condiciones de salubridad en las cárceles, además de mostrar cómo el tráfico de drogas y la corrupción es "algo habitual".
Una "denuncia social con mayúsculas" a modo de redención: "Ante mi frustración de estar en la cárcel por la cara, mi impotencia, me dije: ‘vamos a hacer algo positivo, a lavar un poquito mi imagen’".
En las imágenes, grabadas en el verano de 2012, Rocha acude a la celda de otro preso que vende marihuana, hachís y cocaína para "pagar a funcionarios" y en otro vídeo se observa cómo una persona abre su celda, cerrada en ese momento bajo llave, para suministrarle tiras de hachís pegadas en una tarjeta.
La suciedad, denunciada en repetidas veces por algunos sindicatos de prisiones, singularmente por la central Acaip, la corrupción, la falta de medios, la drogadicción y el tráfico de móviles, obviamente prohibidos en prisión, desfilan por su alegato, en el que Rocha, tachado por Instituciones Penitenciarias de "ultraderechista peligroso", no se adjudica el papel de santo: "He cometido errores, y he pagado por ellos".