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Fuente: Faro de Vigo
Jubilación entre rejas: un total de 138 mayores de 60 años cumplen condena en cárceles gallegas. El mayor, de 85 años, está en Bonxe (Lugo) por un delito contra la seguridad vial. Solo en Teixeiro, el centro con la tasa de reclusos mayores más alta de España, hay 60 internos que superan los 60 años. Ser un anciano no es un atenuante a la hora de ingresar en prisión, pero sí lo es, sin embargo, para salir: los mayores de 70 años con buen comportamiento pueden lograr la libertad condicional sin haber cumplido las tres cuartas partes de la condena.
La edad no es atenuante para estar entre rejas. Un total de 138 mayores de 60 años cumplen condena en las cinco prisiones de Galicia, casi la mitad en el penal de Teixeiro (A Coruña), uno de los centros penitenciarios de España con la tasa más alta de presos de edad avanzada. Agresiones sexuales, violencia de género, conducción temeraria o estafa son los delitos más frecuentes entre quienes se pasan su jubilación en la cárcel. El volumen de población reclusa que supera los 60 años crece año tras año. Si en 1985 apenas representaba el 1% del total de condenados a prisión en el país, en la actualidad, de los casi 67.500 reos en España 1.944 son jubilados. O lo que es lo mismo, tres de cada cien reclusos superan los 60 años. En el caso de Galicia, este porcentaje es más elevado: casi un 5%, según datos facilitados desde los cinco centros penitenciarios en la comunidad.
María M. y José Carlos M., padres de la mujer que en 2002 asesinó a una joven de Fene, la enterró en una fosa de la vivienda familiar en Monfero y luego fingió durante semanas un embarazo y acabó registrando al bebe de la fallecida como hijo propio, cumplen condena en Teixeiro. El juez, que dio por hecho que madre e hija lo planearon todo meses antes, condenó a María M. a 25 años de cárcel y José Carlos M. a 10 por los delitos de detención ilegal y suposición de parto.
Caso por caso
En el mismo penal, también cumple condena Maximino C.P., de 66 años y vecino de Cedeira, arrestado en agosto del año pasado por el atropello de un vecino de la localidad con el que en los últimos años había mantenido varios pleitos.
En total son 60 los reclusos -entre ellos seis mujeres- que superan los 60 años en la cárcel de Curtis, siete de ellos entre 70 y 80 años y cuatro mayores de 80. La alta tasa de presos mayores en Teixeiro se debe, según apuntan desde el sindicato CSIF-Galicia, al número de áreas que absorbe este centro penitenciario: A Coruña, Santiago, Ferrol y parte de Lugo, frente a A Lama, que se limita a Pontevedra y Vigo.
En el penal pontevedrés, son 22 los internos con más de 60 años -18 entre 60 y 69 y los cuatro restantes entre 70 y 79-; en Pereiro de Aguiar (Ourense), 28 y en los centros lucense de Monterroso y Bonxe, 10 y 18 respectivamente. Es en este último centro penitenciario donde cumplen condena los reclusos de más edad en Galicia: Manuel G. H., de 84 años por homicidio, y Marcelino L.C. de 85 por delito contra la seguridad vial.
Su día a día en prisión transcurre sin sobresaltos. Suelen ser personas con buena conducta, sin toxicomanías y no agresivas. Muchos de ellos, apuntan desde los centros penitenciarios gallegos, están en la enfermería de la prisión, que pasa a ser una especie de geriátrico, y el trato con el funcionario suele ser más amable. "Salen al patio a pasear, ven la televisión y poco más. Algunos se encuentran desorientados y desubicados. Alejados de su entorno, a esa edad el día a día se hace más difícil", reconocen funcionarios de Prisiones.
Ser un anciano no es un atenuante a la hora de ingresar en prisión, pero sí para salir. El artículo 92 del Código Penal y el 196 del reglamento penitenciario permiten la libertad condicional anticipada para los presos mayores de 70 años.
Es a partir de esa edad, cuando el recluso puede conseguir la libertad condicional por razones de edad o enfermedad terminal aunque no haya cumplido las tres cuartas partes de la condena. Es muy habitual en los delitos y perfiles menos graves. La decisión sobre la concesión de la libertad condicional recae en el juez de vigilancia penitenciaria, que es el encargado de evaluar el expediente tramitado por la Junta de Tratamiento del penal, donde están representados la dirección, psicólogos y educadores, trabajadores sociales, médicos y juristas criminólogos.
"Se analiza cada caso, teniendo en cuenta el tipo de delito y su conducta. Si procede, se concede la libertad condicional. Para estos internos no hace falta que tengan cumplidas tres cuartas partes de la condena (para ser excarcelados)", explican desde un penal gallego. La buena conducta del condenado, que no sea peligroso y que no haya riesgo de fuga son otros de los factores que se estudian a la hora de evaluar su puesta en libertad.
Información
Entre otros documentos, el expediente incluye un informe pronóstico de integración social del penado, un resumen de su situación penal y penitenciaria, los permisos de salida disfrutados y sus incidencias, las sanciones -si las ha habido-, un programa individual de libertad condicional y de seguimiento, y el compromiso de acogida por parte de la familia, personas allegadas o instituciones sociales extra-penitenciarias. En un porcentaje elevado -siempre que el delito no sea ni muy grave o que el preso no reincidente- los reclusos que superan los 70 años son puestos en libertad. Además también está la alternativa de que el interno abandone la cárcel con una pulsera o tobillera de control telemático.