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Fuente: El Mundo.es
Fuente: El Mundo.es
De hecho, el historial médico de 100 páginas que le acompaña entró casi antes que él. El dosier pivota sobre el trasplante de hígado al que fue sometido hace unos años. Él confía en que le ayude a esquivar los cuatro años que le cayeron por defraudar 700.000 euros a Hacienda. Él y su abogado, Javier Boix.
En Aranjuez, el señor de Castellón -un «ciudadano ejemplar» según Mariano Rajoy- ni es tan señor ni es tan altivo. Es un preso sesentón que mata las horas jugando al parchís, al dominó y viendo la tele con el resto de sus compañeros en una sala común. Fabra cumple condena en el módulo 3 de la prisión madrileña, el destinado a los internos que están en proceso de desintoxicación de drogas no porque tenga problemas de este tipo sino por el perfil de sus usuarios. Se trata de uno de los mejores destinos posibles en prisión. Sus destinatarios son también internos de más de 60 años a quienes se les procura una estancia relajada y sin sobresaltos. Y en ellos Fabra ha encontrado apoyo.
Allí la vida es tranquila porque todos los presos son de confianza y huyen de los conflictos. Se autogestionan. Cualquier problema les podría acarrear la expulsión y, por tanto, truncar la reducción de la condena que buscan. Fabra es consciente y se siente a salvo, por eso pisa fuerte por los pasillos con su chándal, sus zapatillas deportivas y su ropa de montaña. Va de sport con sus inseparables gafas. Un ejemplo más de la metamorfosis que diseñó antes de entrar en la cárcel.
El módulo 3 es un área grande con capacidad para 140 internos que, sin embargo, nunca llega a llenarse, con lo que hay celdas individuales. Y Fabra está en una de ellas. En realidad, nunca ha compartido chabolo, sin contar los nueve días que estuvo en la Enfermería, donde durmió con un interno de apoyo y otro considerado histórico. Ni siquiera pasó las 24 horas de rigor en el módulo de ingresos, tal como revelan no sin cierto fastidio las mismas fuentes consultadas. Fue directo a la Enfermería -considerado también un destino dorado entre la población reclusa por sus características- y de ahí saltó a su actual destino.
El día de quien fuera uno de los hombres más fuertes del PP comienza a las ocho de la mañana, cuando se levanta. A las ocho y media toca el desayuno y después, tiempo libre. Alguna vez se le ha visto leer pero todavía no se ha apuntado a ningún taller.
A la una se sirve la comida y a las dos regresa a su celda hasta las cinco de la tarde, cuando baja a la sala de estar. Su pasatiempo favorito, según las mismas fuentes, es el parchís. También el dominó. Cuando las partidas se acaban, mira la televisión y el contenido queda a meced del encargado del mando a distancia de ese día. Y así hasta las siete y media de la tarde, que es la hora del recuento y de la cena. A las ocho y media el cerrojo de su celda se cierra hasta el día siguiente.
En estos 26 días de encierro, el hombre de España al que más veces le ha tocado la Lotería se ha revelado como un preso «educado y respetuoso» que llegaba aleccionado sobre cómo comportarse. «Sabía perfectamente los trámites para pedir una autorización, dar los números de teléfono con los que quería hablar o solicitar una comunicación», indican las fuentes consultadas.
El pasado lunes recibió visita. Una mujer y dos de sus hijas, una de ellas la diputada del Partido Popular Andrea Fabra, famosa por haber dedicado a los parados el ya célebre «que se jodan» desde la tribuna del Congreso. Fueron varios minutos de conversación a través de un cristal. También se ha visto por allí a su abogado. Sin embargo, nadie de su partido se ha acercado por el centro penitenciario de Aranjuez.
Pese a que no se puede hablar de trato de favor, las fuentes consultadas por este periódico no pasan por alto que, revelan, «desde el principio y de una manera muy velada se ha insinuado que lo mejor es que estuviera en una celda solo; que era preferible». Eso sí, nunca estas directrices se han puesto por escrito. Fabra sigue sobreviviendo a Fabra.