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Fuente: La Razon

La Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) informa a este periódico que han mandado una carta al ministro del Interior para denunciar que muchos de los chalecos de protección contra las agresiones que llevan los funcionarios de prisiones “han rebasado de forma importante su fecha de caducidad”.

En concreto, tras realizar un análisis en 50 centros, el sindicato ha detectado que en “al menos 29 prisiones todos o gran parte de los chalecos existentes están caducados desde hace 10 años o más” y en “otros ocho centros penitenciarios en los que los chalecos llevan caducados cinco años o más”.

En la misiva, firmada por el secretario de Salud Laboral de Acaip, Alberto Téllez Martínez, éste le especifica cada uno de los centros penitenciarios en los que han detectado chalecos caducados y le explica su preocupación.

 

Fuente: La Razon

La Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip) informa a este periódico que han mandado una carta al ministro del Interior para denunciar que muchos de los chalecos de protección contra las agresiones que llevan los funcionarios de prisiones “han rebasado de forma importante su fecha de caducidad”.

En concreto, tras realizar un análisis en 50 centros, el sindicato ha detectado que en “al menos 29 prisiones todos o gran parte de los chalecos existentes están caducados desde hace 10 años o más” y en “otros ocho centros penitenciarios en los que los chalecos llevan caducados cinco años o más”.

En la misiva, firmada por el secretario de Salud Laboral de Acaip, Alberto Téllez Martínez, éste le especifica cada uno de los centros penitenciarios en los que han detectado chalecos caducados y le explica su preocupación.

Desde el sindicato recuerdan al ministro que “estos chalecos no tienen una duración indefinida, sino que presentan una fecha de caducidad” que “viene a ser entre cinco y diez años desde su fabricación”. Este periodo de caducidad, “según los informes técnicos, viene determinada por no poder garantizarse el grado de densidad de las fibras de los paneles de protección que lo forman, puesto que éstas en mayor o menor medida y dependiendo del uso y destino del panel de protección siempre tienden a volver al estado normal de reposo molecular, lo que implica en este caso una pérdida de densidad y consecuentemente una pérdida del nivel de protección”.



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