Álvaro de Luna, el actor, fue uno de los primeros inquilinos de la cárcel de Logroño. Eran otros tiempos. Corría el año 1986 y con apenas un año de vida el centro penitenciario derrochaba modernidad, limpieza, efectividad... Tanto esplendor llevó a TVE a encerrar entre sus muros y barrotes al popular 'Algarrobo', quien daba vida a Tony, protagonista de 'Régimen abierto', la exitosa serie del ente público.
Un cuarto de siglo después, a los males del sistema penitenciario español -masificación, 75.874 presos en 82 cárceles, y recortes en el funcionariado- se suman algunos achaques propios que han borrado el brillo de un recinto en el que hoy conviven 394 internos.
Demasiados, según denuncia Acaip (Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias). «El principal problema es que es un centro pensado, para que sea manejable, para 280 internos, pero hay casi 400 y hemos llegado a 430», resumen los dos delegados del sindicato mayoritario en la prisión logroñesa.
El recinto penitenciario alberga los edificios de enfermería y polideportivo y seis módulos con sus patios, consultas médicas, economatos, comedores y galerías de celdas: cuatro para hombres -el 4 (menores y destinos), el 5 (largas condenas), el 6 (preventivos) y el 7 (primarios), ideados para entre 44 y 48 internos cada uno-; y dos especiales con veinte plazas, el 9 (miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado) y el de mujeres.
Acaip advierte de que la masificación afecta al sistema de trabajo y a la convivencia. «La falta de espacio impide enviar al recluso al módulo que le correspondería por clasificación o peligrosidad. Hoy, salvo casos muy evidentes en los que no queda más remedio que hacerles hueco en un sitio determinado, se les instala donde se puede», aclaran los representantes sindicales. Las estrecheces se hacen más evidentes, según Acaip, en las zonas comunes -patio, comedor, sala de juegos...- «pensadas para 48 personas, pero en las que se tienen que sentar 90, lo que provoca roces continuos y conflictividad».
El 37% extranjeros
Desde la dirección se aporta una radiografía distinta. «Pienso que no estamos tan mal como se dice, aunque sí es cierto que todo es mejorable», admite Vicente Pérez Corral. En este sentido, el responsable del centro puntualiza que de los 394 internos 46 son de régimen abierto -25 de ellos fuera de la prisión y controlados con medios telemáticos y 21 sólo pernoctan entre semana- y otro medio centenar que disfruta de permisos. «Los módulos más poblados albergan a poco más de 80 internos, pero suelen ser los menos problemáticos», añade.
Junto a la masificación, los delegados del sindicato de prisiones alertan de otro factor de riesgo: el incremento constante en el número de reclusos extranjeros, fuente de choques continuos entre distintas culturas. A día de hoy suponen el 37% de la población reclusa del centro logroñés, con 149 internos extranjeros, 92 penados y 57 preventivos. Desde la dirección se insiste en que «hay de todo, como los españoles, con los mismos tipos de delitos e índices de peligrosidad».
Pero la visión sindical es otra. «La mayoría de extranjeros no tiene medios económicos ni vinculación familiar y debe buscarse la vida», explican sus delegados, que señalan la creciente importancia de dos grupos: los árabes y, sobre todo, los originarios de países del este de Europa. «Son gente especial, que viene bregada de otras prisiones y de las guerras; para muchos, hacer daño a alguien no tiene tanta importancia», narran. Los delegados de Acaip recuerdan los dos altercados graves registrados el pasado julio: una pelea con pinchos que degeneró en reyerta entre españoles y árabes en el módulo 5 y un enfrentamiento entre árabes y rumanos en el 6.
Módulo de respeto
El director del centro recuerda, por su parte, que «excepto los pequeños roces habituales, el clima es de bastante tranquilidad». A ello contribuyen, según destaca, algunas herramientas habilitadas para solucionar posibles problemas de convivencia. Una de ellas ha sido el novedoso módulo de respeto, un programa especial puesto en marcha en el bloque 4 que contempla una reunión semanal y una serie de comisiones de internos quienes, a través de un grupo de acogida y otro de respeto, median y colaboran en la resolución de los conflictos. La iniciativa se extenderá en breve a otro módulo.
Pero además, Pérez Corral añade otro sistema de autodefensa del centro logroñés, que cuenta con la plena colaboración de Instituciones Penitenciarias, que se traduce en el traslado de los reclusos que muestren una conducta peligrosa para otros internos o no acorde con el buen funcionamiento de la prisión riojana, recinto previsto para internos de segundo y tercer grado.
Pero con el convenio colectivo bloqueado desde hace casi dos años, la carpeta de quejas de Acaip engorda cada año y en ella gana protagonismo la denuncia por el recorte en las plantillas. Así, los delegados sindicales recuerdan que hace 15 años, con 250 reclusos, había 130 funcionarios para el trabajo en el interior de los módulos y actualmente, para 400 internos, sólo son 90.
Repartidos en diez grupos de nueve integrantes, un funcionario trabaja dos jornadas de 8 a 22.15 horas, la tercera va de noche, de 21.45 a 8 horas, y luego disfruta de cinco días libres. Aunque su demanda histórica sitúa en tres efectivos (uno en el control y dos en la galería) el mínimo imprescindible por módulo, «eso sólo ocurre hoy en el 5. En el resto, hay dos y muchas veces sólo se queda uno si hay que salir al polideportivo o a la enfermería. Se capea el día a día como se puede, pero eso no es forma de trabajar», resumen los trabajadores, que añaden a su situación laboral que «los insultos y las amenazas son el pan de cada día, si bien en ataques directos, que los hemos tenido, vamos librando».
El director, Vicente Pérez Corral, prefiere quedarse con lo positivo: «Llevamos mucho tiempo sin incidentes de importancia, sobre todo gracias al trabajo de los funcionarios, que controlan muy bien a la gente».
Deficiente seguridad
El malestar o la preocupación de los funcionarios se tiñe de alarma cuando hablan del estado de la prisión. «Las instalaciones se han quedado obsoletas y hay un abandono total de Instituciones Penitenciarias que no soluciona una serie de deficiencias estructurales muy serias que afectan a la seguridad del centro», destacan para rememorar la huida de un preso el 30 de enero del 2008 y el intento de fuga de otro, frustrado a última hora, el pasado 14 de enero. «Con lo que valen los mil televisores de plasma que ponen en una prisión nueva, solucionaban de sobra los principales problemas de la de Logroño. Hablamos de 250.000 euros», denuncian.
Desde la dirección se niega la mayor y se recuerda que en los últimos cuatro años se han invertido alrededor de dos millones de euros en mejoras, como la renovación completa del tejado, la construcción de una enfermería y dos naves para trabajo productivo de los internos o el nuevo sistema de calefacción. «Se han realizado también inversiones importantes en sistemas de seguridad. Es cierto que es mejorable y, de hecho, se han planteado propuestas que sé que se van a llevar adelante en breve», concluye Pérez Corral.