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Fuente: El faro de Vigo
El penal, que es también el que cuenta con una población mayor, suma más de la mitad de todos los presos que no vuelven tras una licencia en GaliciaEl año pasado se produjeron un total de 86 "fugas" del centro penitenciario de A Lama. En cualquier caso, los reclusos que deciden huir de la vida entre rejas no trazan complicados planes para sortear los anillos de seguridad de la prisión o para saltar los altos muros que rodean el centro de Monte Racelo. Se van por la puerta principal del centro. Y es que la práctica totalidad de los internos que se marchan del penal sin haber cumplido la totalidad de la pena aprovechan los permisos que reciben para vivir unos días en libertad para posteriormente no regresar más al centro penitenciario. Y cada año el número es mayor. Echando un vistazo a la Memoria de 2010 de la Administración General del Estado en Galicia se comprueba que el pasado ejercicio se fugaron de A Lama utilizando este método un 53% más de reclusos que en 2009, cuando fueron un total de 56. Es también una cifra ligeramente superior a la que se registraba hace cinco años, en 2006, cuando eran 82 los presos que no volvían a la prisión tras un permiso.
Además, la prisión de A Lama acumula más de la mitad de los reclusos que no regresan a la cárcel tras disfrutar de un permiso en la comunidad autónoma. En toda Galicia fueron el pasado año 130, de los que los 86 mencionados cumplían condena en el centro de Monte Racelo, es decir un 66%. Con todo, cabe señalar que la de Pontevedra es la cárcel más poblada de Galicia, con 1.633 internos a fecha de 31 de diciembre de 2010, frente a los 1.432 de Teixeiro (con 24 evadidos); los 376 de Bonxe (con 5 presos que no regresaron de permiso); los 387 de Monterroso (6 no regresados); y los 412 de Pereiro de Aguiar (con otros 9 huidos).
Teniendo en cuenta que entre un 40 y un 50% de los reclusos gallegos disfrutan de permisos a lo largo del año, la cifra no parece demasiado elevada. Se trata además de internos que han cumplido ya gran parte de su condena y que deciden complicarse la vida no regresando al centro penitenciario tras el permiso. Cuando de nuevo son descubiertos, se enfrentan a una nueva condena adicional de seis meses de prisión por quebrantamiento de condena.
La mayoría son condenados por penas que no exceden los cuatro años de prisión por delitos contra el patrimonio y suelen regresar pronto al centro penitenciario tras ser identificados por la propia policía en sus domicilios o en el de familiares. Otros reinciden y vuelven al penal tras ser capturados. Por lo tanto, la mayoría tiene siempre los días contados fuera de prisión una vez que deciden incumplir su permiso. Salvo casos concretos, como extranjeros que no tienen arraigo en nuestro país y que aprovechan esta oportunidad para huir. En caso de reclusos con penas graves, el desarraigo puede ser una de las causas que incluso desaconseje la concesión del permiso.
Los casos de reclusos que siguen intentando fugarse de la cárcel a la antigua usanza, esquivando los controles de seguridad, son hoy en día casi una anécdota. Así, por ejemplo, en los últimos años han trascendidos dos intentos de fuga de la prisión de A Lama. El primero tuvo lugar en abril de 2010 cuando dos internos planearon irse de la prisión serrando los barrotes de su celda y fugarse a través del tejado. Los funcionarios descubrieron y abortaron su plan cuando durante una inspección rutinaria comprobaron que los barrotes de la ventana de la celda que compartían los dos reclusos estaban serrados. Los propios internos confesaron su plan y reconocieron que obtuvieron el material empleado para serrar los barrotes de uno de los talleres ocupacionales que se llevan a cabo en el centro.
En enero de este mismo año otro interno fue capturado por los funcionarios y la Guardia Civil cuando había conseguido saltar una de las valles perimetrales de la prisión y todavía debería superar otra valla más y el muro de la prisión, lo que hace casi imposible este tipo de fugas.